Cuando somos madres la vida nos presenta situaciones difíciles e inesperadas
en las que está siendo lastimado nuestro amor propio y quisiéramos actuar
por ese sentimiento de mujer herida, pero antes piensa en tu hijo y reflexiona:
"primero soy mamá, luego mujer", entonces, sólo entonces, actúa. Ale

Esta reflexión surge gracias a la lectura de varios artículos que han ido alimentando mi instinto maternal y mi esencia de mujer, gracias a vivencias de otras madres y mujeres que comparten sus experiencias y expectativas de la vida, por ellas mi visión está cambiando, mil gracias.
Ahora que tengo una preciosa bebé, soy una mamá a tiempo completo (¡felizmente!), pendiente de la salud y educación de mi hija, pero debo sobrellevar el conflicto interno que la sociedad (principalmente la familia, amistades, conocidos, etc.) nos impone como mujeres. Para poder encajar y ajustarnos al ritmo de vida del mundo actual, una buena madre debe realizarse como mujer, es decir, ser independiente económicamente, estudiar continuamente algo que se valide por un título (si te autoeducas en casa para ser: mejor persona, mujer y mamá, no es válido), tener nuestro propio tiempo libre para actividades de distración, en fin, tiene que realizar un sinnúmero de cosas que lo que hacen es crear una confusión y disputa entre su rol de mujer y su rol de madre.
Al querer intentar cumplir con estos dos roles simultáneamente y de la mejor manera posible, trae consigo un agobiante mar de presiones: ser la mejor madre en su hogar y ser una super mujer en su círculo laboral (todo esto sin mencionar el aún existente machismo). No es demasiado?
Detente unos minutos a pensar en tu día a día, momentos en los que tienes que batallar con tus hijos, pareja, familia y trabajo; cuando tu impulso gana a la razón, instantes en los que sólo actúas sin medir consecuencias; en esos momentos de ira, desencanto, impotencia ... quien te domina? quien responde? quien eres primero? Mamá o mujer.
Laura Gutman escribe:
No me cabe ninguna duda que los seres humanos estamos diseñados para vivir en comunidad. En cambio la modalidad que impera en las grandes ciudades modernas, da prioridad a las familias nucleares, prefiriendo aún más a las familias constituidas por una sola persona. Este sistema suele generar buenos frutos económicos, al menos para unos pocos.Por otra parte, la mayoría de las mujeres modernas hemos elegido terminar una carrera universitaria o lograr un buen puesto de trabajo, en lugar de tener una vida semejante a la de nuestras madres y abuelas.
Pero cuando –casualmente y contra todos los pronósticos- nace un niño, la soledad y el desconcierto para las madres es moneda corriente. Porque no hay comunidad que nos avale, nos sostenga, nos ampare, nos transmita sabiduría interior, o satisfaga cualquier necesidad, física o emocional.
Muchas de nosotras pretendemos atravesar la maternidad utilizando los mismos parámetros con los que estudiamos, trabajamos, tomamos decisiones, luchamos, nos hacemos valer, generamos dinero, elaboramos pensamientos o practicamos deportes. Confiamos en que la maternidad no podría ser más compleja que lidiar con cincuenta empleados a cargo todos los días.
Sin embargo...solemos comprobar que se trata de otro nivel de complejidad.La mayor dificultad consiste en “dejar el mundo real” para “ingresar en el mundo onírico” de la fusión mamá-bebé, y aunque cada una de nosotras reacciona en forma diferente durante el puerperio, sólo en la medida en que estemos bien sostenidas, estaremos en condiciones de sostener al bebé.
Hoy no tenemos aldea, ni comunidad ni tribu ni vecindad en muchos casos. A veces tampoco familia extendida. Pues bien, necesitamos crear apoyos modernos y solidarios. De lo contrario no es posible entrar en fusión con el bebé.
No es posible amamantarlo, ni fundirse en sus necesidades permanentes.Las mujeres tenemos que organizarnos. Una posibilidad es crear grupos de apoyo, o de encuentro, o grupos de crianza abiertos para que las madres encontremos compañía con nuestros hijos en brazos, comprensión de nuestros estados emocionales y aceptación de nuestras ambivalencias....
Imagen: Eva Garcés.